Como cada mañana, Sofía se vistió y bajó a tomar el desayuno con el resto de las sumisas. Extrañamente, las chicas estaban todas muy animadas, comiendo el pan seco y duro con gran ánimo y comentando entre sí.
A ella no le interesó.
Se colocó el abrigo, tomó la correa de Shadow y salió a pasear al animalito como de costumbre, dando vueltas por la fortaleza sin rumbo fijo. Teniendo cuidado de no alejarse demasiado para no perderse, hacia un frío infernal y para colmo estaba comenzando a nevar.