Nunca sabrá dónde está.
—¿Es cierto eso? Por eso tienes los ojos hinchados, es por eso que has llorado —apartó la mirada de mí y la posó en Antón—. Antón, Dayana, ustedes no pueden divorciarse.
—¿Por qué no? Si no existe amor de parte de una persona, no tiene caso seguir casados —dije, aún con la mirada de Antón puesta en mí.
—Dayi, estás embarazada. Van a tener un hijo —aquellas palabras reventaron en mi mente como un estallido de pirotecnia. El corazón se me detuvo y empezó a latir desbocadamente. Burbujas se forma