Mikel buscó por todo el hospital a Alexa; la joven no contestaba las llamadas y, cuando al fin la encontró, fue demasiado tarde. Varios policías caminaban tras de Antón en dirección a la habitación de Axel.
Hace años había cometido un delito al salir con una adolescente y tenía que pagar por ello.
—Antón, amigo, no lo hagas —pidió Mikel, extendiendo los brazos para prohibirle la entrada.
—Tú y yo ya no somos amigos —gruñó, mirándole con frialdad—. Quítate de mi camino —rugió, apretando la mandí