A la mañana siguiente, la pareja despertó abrazados con unas sábanas que cubrían sus cuerpos desnudos. La poca claridad que se coló sobre la rendija en la unión de las cortinas pegó sobre el rostro de Antón.
Lentamente abrió los ojos y suspiró al ver a su amada sobre el pecho; contempló la suave piel del rostro de ella. Estaba por besarla cuando tocaron la puerta. Se levantó cubriendo su cuerpo con una bata negra y suspiró al ver a su madre frente a él. Carlota empujó la puerta entrecerrada con