En media hora estuvo lista; llevaba un vestido blanco transparente que dejaba a la vista el traje de baño que llevaba dentro. Antón la esperaba en la sala.
Al verla, su corazón latió con fuerza. Carraspeó su garganta para apaciguar el sentimiento loco que se estaba desatando en su corazón. “¿Qué mierda me pasa?” —gruñó para sí mismo—. Vamos —bufó, tratando de sonar indiferente.
Salieron en el auto; Alexa solo se dedicó a observar la belleza natural que rodeaba el archipiélago. En cuanto a Antón