Antón sintió su corazón apachurrarse al soltar la mano de su esposa, pero si su madre le veía tomados de la mano, sospecharía que él se había enamorado, y eso solo desataría que la mujer explotara y sufriera más.
—¿Qué bueno que ya volviste, mi niño? —resopló Carlota a la vez que lo abrazaba y clavaba su mirada en Alexa.
Ella bajó la mirada, puesto que tenía un nudo en su garganta. Se reprochó a sí misma por haber sido una ilusa y creer que Antón seguiría siendo el mismo que fue en el archipiél