CAPÍTULO//DOS

Aquel silencio, Alex nunca imaginó que pudiera odiarlo tanto. Antes disfrutaba de él, era señal de que todo funcionaba como debía. Si despacho permanecía en calma, los clientes esperaban su decisión y el mundo seguía girando a su ritmo.

Ahora...

El silencio era un recordatorio constante de todo lo que había perdido.

Observó por el enorme ventanal de su habitación, Londres seguía igual. La lluvia golpeaba los cristales, los coches circulaban. La gente caminaba reprisa, ajenas a qué su vida se había detenido hacia penas unas semanas. Apretó con fuerza los reposabrazos de la silla de ruedas, todavía se negaba acostumbrarse a ella.

Cada vez que veía frente a él, sentía que alguien le recordaba que ya no era el mismo hombre.

Unos golpes suaves sonaron en la puerta.

—Adelante.

Entró Beatrice, con una bandeja en sus manos, una taza de café humeante.

—Buenos días, cariño. — Alex apenas, esbozó una sonrisa.

—Buenos días, abuela.

Beatrice dejó la bandeja sobre la mesa y se acercó a él.

—¿Has dormido?

—Lo suficiente...

Era mentira.

Llevaba noches enteras sin conseguir descansar más de un par de horas y ella lo sabía.

—Los médicos dicen que pronto comenzarás una rehabilitación. —él bajó su mirada hacia sus piernas.

—También dijeron que volvería a caminar. — su voz sonó más amarga de lo que pretendía.

Beatrice guardó silencio unos segundos, antes de apoyar su mano sobre su hombro.

—No pierdas la esperanza, cariño. — Alex dejó escapar una sonrisa sin humor.

—La esperanza no hace mover las piernas.

—No. — respondió ella con calma. —Pero puede ayudarte a levantarte cuando quieras rendirte. — él volvió a fijar la vista en la lluvia.

—No necesito esperanza. — hizo una pausa. —Necesito volver a ser quién era.

El silencio volvió a instalarse entre ambos, hasta que Beatrice habló de nuevo.

—Hay algo que debo decirte. — Alex giró lentamente su cabeza, su expresión de su abuela era demasiado sería. —Tu familia ha empezado a reunirse sin ti. — su ceño se frunció al instante.

—¿Quiénes?

—Tu padre, tú madre...y Lucas. —la mandíbula de Alex, se tensó.

No le sorprendía, solo le decepcionaba comprobar que habían esperado tan poco.

—¿Qué pretenden?

—Creen que ya no puedes dirigir el bufete que te dejó tu abuelo. — una sonrisa fría apareció en sus labios.

—Qué rápidos. — bromeó.

—Quieren convencer al consejo para nombrar un nuevo director ejecutivo. — sus ojos se oscurecieron.

—Sobre mi cadáver.

—Eso mismo dije yo. — Beatrice se colocó frente a él hasta quedar a su altura. —Necesito que confíes en mi. — Alex observó a su abuela, su abuela nunca tomaba decisiones precipitadas. —He encontrado la solución. — arqueó una ceja.

—¿Cuál? — Beatrice respiró hondo.

—Quiero que te cases.

Alex permaneció inmóvil durante unos segundos, creyó que había escuchado mal.

—¿Casarme? — repitió.

—Si.

—¿Has perdido la cabeza, abuela? — ella sonrió con serenidad.

—No, solo escucha.

—No pienso casarme por lástima.

—No es lástima, Alex. — sujetó sus manos.

—Entonces, ¿Por qué? — Beatrice sostuvo su mirada.

—Porque necesito que haya alguien a tu lado en quien poder confiar plenamente. — entrecerró sus ojos. —Alguien que te cuide, que te proteja de quienes desean verte caer y que permanezca contigo cuando todos los demás, solo piensan en el poder. — negó lentamente. —Seréis escudos, Alex. Ella te cuidará, ella será la única que he ayude a que ellos no puedan hacer nada. — mordió su labio. —Ella será la ayuda que necesitas para que esas ratas, no puedan tocar nada.

—Abuela, no necesito una esposa. — exclamó.

—Tal vez ahora crees que no. — la anciana hizo una breve pausa, añadiendo una sonrisa. —Pero estoy convencida de que ella podría convertirse en la mejor decisión de ti vida.

Alex desvío la mirada hacia el ventanal, no tenía intención de aceptar aquella absurda propuesta.

Alexander permaneció el silencio durante unos instantes, su mirada se perdió en el ventanal mientras la lluvia golpeaba los cristales con una calma que contrastaba con el caos que sentía por dentro.

Nunca había imaginado que una conversación con su abuela, terminara hablando de matrimonio. Mucho menos en aquellas circunstancias, respiró profundamente antes de volver a mirarla.

—¿Quién es? — la pregunta salió con más tranquilidad de la que él esperaba.

Beatrice sonrió con discreción, sabía que tarde o temprano, Alex terminaría preguntándolo. Se acomodó en el sillón frente a él y cruzó sus manos sobre su regazo.

—Se llama Emily Carter. — Alex frunció ligeramente el ceño.

Repitió aquel nombre en silencio.

Emily Carter.

No le resultaba familiar.

—No he oído hablar de ella.

—Es normal. — respondió su abuela. —No pertenece a nuestra círculo, ni en el círculo en el que tú te has movido toda la vida.

—Entonces, ¿Cómo la conoces? — preguntó apoyando su antebrazo sobre el reposabrazos de la silla, su abuela sonrió con cierta nostalgia.

—Su abuela y yo éramos amigas desde hace mucho años. — aquella respuesta despertó todavía más curiosidad.

—¿Amigas?

—Si, su abuela y yo nos conocimos cuando eramos jóvenes. La vida nos llevó por caminos muy distintos, pero nunca dejamos de mantener el contacto. — sus ojos se reflejaba el cariño que sentía al recordar eso años. —Cuando nació Emily, la vi crecer. Siempre fue una niña educada, cariñosa y muy responsable. — Alexander permanecía atento, era extraño escuchar a su abuela hablar con tanto afecto de alguien que no era de su familia. —Con el paso del tiempo, se convirtió en una mujer extraordinaria. Trabaja de camarera y ayuda a su madre en todo lo que puede, no ha tenido una vida sencilla, pero jamás perdió la sonrisa.

Alexander permaneció unos segundos pensativo, aquella descripción no escajaba con ninguna mujer que había conocido. No era una empresaria, no pertenecía a la alta sociedad. Simplemente, era una joven corriente que trabajaba duro.

—¿Y por qué con ella? — Beatrice lo miró.

—Porque confío plenamente en ella. — Alex guardó silencio. —Y porque jamás te traicionará y nunca te hará daño.

Aquellas palabras hicieron que Alexander desviará la vista, desde el accidente demasiadas persona interesadas querian todo lo que pasaba en su empresa y quitarle todo. Su padre, su madre y Lucas. Todos esperaban algún movimiento, todos querían algo.

—¿Ella sabe quién soy? — Beatrice asintió.

—Claro que si.

—¿Y aún así estás convencida de que aceptará? — la anciana sonrió con dulzura.

—No puedo asegurarlo.

—Entonces...

—Pero conozco el corazón de Emily. —Hizo una breve pausa antes de seguir hablando. —Y sé que antes de mirar tu fortuna, verá al hombre que hay detrás de ella. Antes mirara tú corazón que tu dinero y no buscará tu dinero, ni tu poder.

Alexander dejó escapar un leve suspiro, aquellas palabras eran demasiadas bonitas para ser ciertas.

Sin embargo...

Hacía mucho tiempo que nadie hablaba de él como si siguiera siendo una persona y no como el abogado más rico de Londres, por primera vez desde el accidente sintió curiosidad. Curiosidad por conocer aquella joven de la que su abuela con tanta admiración.

—Solo te pido una cosa, hijo. — el la miró para que siguiera hablando. —Si ella acepta, prométeme que la cuidaras de esas alimañas. — él asintió.

Sin saber que, en ese mismo instante, Emily Carter también estaba intentando decidir si acepta o no, esa propuesta que cambiará su vida para siempre.

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