Mundo ficciónIniciar sesiónDespués Alex suspiró hondo, observando a la mujer que tenía en frente.
—Ahora me toca poner algunas condiciones más. — Emily arqueó una ceja. —Te escucho. — Alex entrelazó sus menos sobre su regazo. —A partir del momento que nos casemos, tú serás la señora Whitmore... — la joven permaneció en silencio, todavía le costaba imaginar aquellas palabras. —Y eso significa mucho más que llevar mi apellido. — dejó que continuara. —Esta será su casa, ya lo sabes... será tú hogar. — ella sintió un extraño calor en el pecho. Alex hablaba con tanta naturalidad que parecía haber tomado aquella decisión mucho antes de conoceros. —Los empleados recibirán instrucciones de tratarla con el mismo respeto con el que me tratan a mí. — Emily abrió sus ojos. —No hace falta. — él negó con la cabeza. —Si hace falta. — hizo un breve pausa antes de continuar. —Quiero que entienda algo desde el primer momento... si alguien tiene autoridad en esta casa además de mi, eres tú. —¿Estás diciendo que...? —Serás la señora de la casa y como tal, tendrás la última palabra en todo aquello relacionado con ella. Los empleados estarán a su disposición si necesitas algo, solo tendrás que pedirlo. — Emily negó suavemente con la cabeza. —Nunca he dado órdenes. — Alex esbozó una sonrisa. —Siempre hay una primera vez para todo. — ella soltó una sonrisa tímida. —No creo que se me de bien. —Aprenderás. — hubo un pequeño silencio y Alex continuó. —Tambien tendrás un chófer. — ella arrugó su ceño. —No lo necesito... —Y un escolta. — lo miró más sorprendida. —Mucho menos eso. —No es una sugerencia, Emily, es por seguridad. En el momento que lleve mi apellido, muchas personas sabrán quién es y algunas tendrás buenas intenciones, otras no... prefiero prevenir antes cualquier problema. — Emily bajó la cabeza. Comprendía que os vida de Alex era muy diferente a la suya. —De acuerdo. —Tambien, dispondrá de un vehículo siempre que lo necesites. —Puedo ir en autobús. — él sonrió. —Lo sé... —Entonces. —Pero preferiría no ver a mi esposa esperando un autobús bajo la lluvia londinense... — Emily sintió sus mejillas teñirse de rojo al escuchar aquellas palabras. Esposa. Sonaba extraño y, al mismo tiempo... extrañamente bonito. —Además tendrás una tarjeta de crédito. — Emily negó inmediatamente. —No. — él arqueó una ceja. —¿No? —No quiero una tarjeta de crédito, ni comprar con su dinero, ni vestidos ni nada de eso. —Alex la observaba en silencio y después soltó una sonrisa. —Sabia que me responderías eso. — ella se cruzó de brazos. —Entonces comprenderá que no la aceptaré. —Lamento decirle que, en eso, no tiene elección. — ella lo miró incrédula. —¿Cómo dices? —La tarjeta estará a tu nombre, la llevará consigo y espero que la utilice cuando la necesite. — ella suspiró. —Alexander... —Escúchame. — su tono seguía siendo tranquilo, pero firme. —No me pidas permiso para comprarte algo, un regalo para tu madre, ni absolutamente nada... quiero que vivas con libertad. — Emily permaneció callada, nunca nadie había pensado en ella de aquella manera. —No pretendo comprarte y mucho menos cambiar quién eres, solo quiero asegurarme de que nunca vuelva a preocuparse por llegar a fin de mes o para querer comprarse un capricho. — Emily sintió un nudo en la garganta. —No estoy acostumbrada a que alguien cuide de mi. — Alex sostuvo su mirada. —Pues empiece acostumbrarse, porque mientras seas mi esposa... será mi responsabilidad cuidarla y protegerla. Y eso incluye asegurarme de que no le falte absolutamente nada. — el silencio volvió a llenar el despacho. Emily bajó la mirada, incapaz de ocultar la emoción que sentía. Aquel hombre, al que apenas conocía, acaba de ofrecerle una seguridad que nunca había tenido. Y, por algún razón... Empezaba a creer que detrás de aquel abogado serio, frío y reservado se escondía un hombre con un corazón mucho más noble de lo que dejaba ver. Emily seguí callada con la mirada fija en el suelo de mármol del despacho. Las ultimas palabras de Alexander, seguían resonando en su cabeza. "Porque mientras seas mi esposa... será mi responsabilidad cuidarla y protegerla." Ningún hombre la había hablado nunca de aquella manera, sin palabras vacías, sin intentar impresionarla. Sólo una sinceridad que resultaba casi desconcertante... respiró hondo y volvió a levantar la vista. Alex seguía observándola, sus ojos grises ya no parecían fríos como cuando había entrado al despacho. Por primera vez, Emily creyó ver algo más... tranquilidad. —¿En que piensas? — preguntó él con curiosidad y Emily sonrió con timidez. —En que me había hecho una idea equivocada de ti. — él arqueó una ceja. —¿Y cuál es esa idea? — ella rio por lo bajo. —Pensaba que serías un hombre, orgulloso, arrogante... de esos que solo viven para trabajar. — Alex soltó una pequeña carcajada. —No ibas mal encaminada. —¿Ah, no? —Trabajo mucho, soy bastante serio y, según mi padre tengo un carácter imposible. — Emily sonrió. —Pues yo no veo a ese hombre. — él apoyó sus brazos sobre el reposabrazos de la silla. —Entonces no me conoces lo suficiente. —Entonces tendré que descubrirlo. — durante unos segundos volvieron a quedarse en silencio. Era un silencio extraño, pero no incómodo. Todo lo contrario, parecía que ambos disfrutaban simplemente de la compañía del otro. —Hay algo importante que debemos organizar. — Emily sonrió. —La boda. — ella asintió despacio, aquella palabra seguía siendo irreal. —Mi abuela quiere que sea lo antes posible. —¿Tan pronto? —Cuanto antes nos casamos, antes dejarán de presionar con la empresa y mi familia dejará de joderme. — Emily asintió. —¿Será muy grande? —Alex negó. —No, solo estarán las personas imprescindibles. No quiero prensa, ni invitados, ni una celebración que convierta esto en un espectáculo. — Emily sintió cierto alivio. —Prefiero que sea así, solo amigos cercanos y familia cercana. — él sonrió. —Me alegra que pensamos igual. — Emily jugueteó con el anillo que llevaba en uno de sus dedos. —¿Y después? —Después vendrá la parte más complicada. — ella arrugó ligeramente el ceño. —Convencer a mí familia. Emily recordó las palabras de Beatrice. Richard, Catherine y Lucas. Aquellos nombres parecían esconder más de un problema. —¿Son tan difíciles? —Alex dejó escapar un suspiro. —Mi padre solo piensa en el prestigio, mi madre vive pendiente de las apariencias y Lucas... — hizo una breve pausa. —Lucas no acepta un no como respuesta. Emily percibió un leve endurecimiento en su expresión. —No parece que se lleven bien. —Porque no nos llevamos bien. — respondió sin rodeos. —Desde pequeños quiso todo lo que yo tenía y cuando mi abuelo decidió que yo dirigiera el bufete... empezó a verme como un enemigo. — Emily quedo en silencio unos segundos. —¿Crees que intentará hacerme daño? — Alex no respondió inmediatamente. —Por su bien espero que no, pero si no intenta. — su voz se volvió firme. —Tendrá que enfrentarse a mi primero. Emily sintió que el corazón le daba un vuelco, no era una frase romántica, era una promesa. Y, por alguna razón, creyó en cada una de sus palabras. En ese momento, llamaron suavemente a la puerta. —Adelante. — el mayordomo apareció con una bandeja de plata. Sobre ella descansaba dos tazas de café recién hecho y una selección de pequeños pasteles. —La señora Beatrice ha pedido que les sirva un poco de pasteles. — Alex sonrió con resignación. —Mi abuela está convencida de que todos los problemas se solucionan con café. — Emily rio. —La mía decía exactamente lo mismo. El mayordomo dejó la bandeja sobre la mesa y salió en silencio. Alex tomo la taza y, con cuidado, se la ofreció. Emily la recibió procurando no rozar demasiado su mano, pero imposible, sus dedos volvieron a encontrarse. Fue apenas un instante, suficiente para que ambos levantarán la vista al mismo tiempo. Y, y a vez más... sus miradas se quedaron atrapadas la una en la otra. —Creo que vamos a tener que practicar. — Emily ladeó su cabeza. —¿Prácticar? —Si, si vamos a convencer a todos que llevamos años juntos y enamorados... tendremos que dejar comportarnos como dos completos desconocidos y dejar de ponernos nerviosos al tocarnos. — ella no pudo evitar reír. —Tienes razón. —Empecemos con algo sencillo. — ella lo miró con curiosidad. —¿Qué propones? — Alex sonrió con ese humor elegante que ella empezaba a descubrir. —Conocernos de verdad... porque sería bastante vergonzoso que alguien pregunte y no sepa el postre favorito de mi esposa, si tiene alergias, y no sepa responder. — Emily soltó una carcajada. —Pues ya puedes in aprendiendo. —Te escucho. —Mi postre favorito es la tarta de queso y no tengo alergia, no que yo sepa. ¿El tuyo? — Alex apoyó su espalda en la silla. —El tiramisú. — Emily asintió. —Muy italiano. — él levantó la ceja.. —¿Quién a dicho que no lo soy? — la risa de ambos volvió a llenar el despacho. Y, sin que ninguno de los dos fuese consciente... la distancia que existía entre ellos, empezaba a desaparecer.






