El ataque llegó en silencio.
Sin conferencia de prensa. Sin titulares. Sin acusaciones públicas.
Solo un archivo subido a las 3:17 a. m. y sembrado en los rincones más oscuros de internet antes del amanecer.
Amanda se enteró cuando su teléfono comenzó a vibrar sin parar en la mesita de noche.
Lo tomó medio dormida… y se quedó paralizada.
Decenas de llamadas perdidas. Cientos de notificaciones. Mensajes marcados como urgentes: ¿estás bien?, por favor dime que esto no es verdad.
Su pulso se dispa