Amanda no durmió.
Yacía junto a Luca en el amplio dormitorio oscuro, mirando al techo mientras las luces de la ciudad palpitaban débilmente a través de las cortinas. La presencia de Luca a su lado era constante: cálida, protectora, engañosamente tranquila. Su brazo descansaba de forma suelta alrededor de su cintura, como si el mundo no se hubiera desplazado bajo sus pies horas antes.
Cada respiración que daba se sentía como una mentira.
La voz de Jason resonaba en su mente.
Espía para mí.
El pe