El coche olía a cuero y peligro.
Amanda lo notó en el instante en que la puerta se cerró tras ella: un aroma sutil y costoso, diseñado para tranquilizar, para sugerir seguridad. No lo logró. Sus dedos se cerraron con fuerza alrededor del bolso mientras el vehículo se alejaba suavemente de la acera, perdiéndose en las arterias luminosas de la ciudad.
No preguntó a dónde iban.
Ya lo sabía.
Jason Kane nunca la llevaba a un lugar desconocido. Así era como mantenía el control: asegurándose de que ca