Rebecca era su esposa, delante de Dios y delante del mundo, lo era, era suya a pesar de las circunstancias.
Besó sus labios con anhelo, como si no deseara soltarlos nunca. Le sujetaba el rostro mientras la mujer se deleitaba con sus besos pasionales que poco a poco comenzaban a hacerla sentir como nunca antes lo había hecho. La mirada de la italiana era de deseo puro que solo ayudó a incrementar el deseo del hombre que la apegaba a él mientras se dirigían a regañadientes dentro de la cabaña. C