—¿Nacerán?
—Serán dos varones, dos niños—informó—, crecerán sanos y fuertes, tal y como su marido desea, sin embargo, la sombra de la muerte se ha posado sobre ambos y la maldición de la envidia y la ambición los envolverá cubriéndolos con un halo negro de deseo de venganza y poder.
La cara de Alessia Salvatore se puso pálida.
—¿Qué quiere decir?
La anciana mostró dos cartas, una parecía más terrible que otra, pero la interpretación fue avasallante para la joven mujer:
—Uno de sus hijos cometer