BEIJING
Asher miraba con enfado su comida mientras negaba con la cabeza, no deseaba eso de comer, estaba cansado, cansado de todo, cansado de estar allí, cansado de los chinos y de estar notando constantemente las miradas sobre él. Stella había intentando calmarlo, pero nada de lo que su abuela había dicho logró calmarlo, en cambio lo empeoró, pues mirar que su abuela mostraba simpatía por aquel que ante sus ojos le había robado una vida, solo hizo que desechara su opinión.
—¿Cuándo podré irm