Los pasos resonaban por toda la casa, Rebecca corría descalza mientras su marido le perseguía, abrió la puerta y no le importó que sus pies tocaran la maleza húmeda. Dentro de aquella cabaña y en ese ambiente solo podía pensar en una cosa: en paz, paz total. Cuánto hubiera dado por tener que vivir una vida así de tranquila donde no tuviera que preocuparse por nada más que por ser feliz. Eso sí que hubiera sido de lo mas bueno.
—¡Rebecca!
Fue atrapada por su marido quien no dudó en sostenerla