Rebecca miró de reojo a Amanda, los ojos de la mujer parecían fijos en su marido como si no deseara perderse ni un solo segundo ni un gesto de su atractivo rostro. La italiana miró con buenos ojos la forma formal en la que su marido hablaba y de no ser porque ella sabía su origen, nunca hubiera pensando que el hombre al que escuchaba hablar, no había crecido en una familia de elite. Hablaban de temas banales, vida campirana, la gran Roma y también de algunos conocidos del círculo.
—He escuchad