Rebecca acercó su mano a un hermoso semental instalado en las caballerizas de la finca, el animal soltó un bufido al sentir el tacto de la mujer sobre él, pero no dudo en acercar su alargado hocico a su mano. La mujer sonrió disfrutando del suave pelaje del caballo que parecía disfrutar notablemente de su compañía. Dentro de aquella enorme inmensidad de propiedades había decenas de caballos que parecía ser el tesoro personal de la abuela.
—Parece que a Raiven le agrada.
La mujer se dio la vuel