Natalia Bernal
Me sentía muy mal porque Adrián se había encerrado en su despacho y no dejaba de romperlo todo y llorar. Sabía que no era por mí que estaba así, que había algo más. La impotencia y la preocupación me carcomían por dentro. No sabía cómo ayudarlo, cómo aliviar ese dolor que claramente lo estaba consumiendo.
Cuando estuvo a punto de llegar la noche, reuní el valor para entrar al despacho. Abrí la puerta con cautela y lo vi allí, en el suelo. Su corbata estaba desordenada, colgan