Sonny aún se encontraba ensimismado con su comida, los granos de arroz esparcidos por su rostro y por toda la mesa. Audrey y su hija, Elisa, dejaban que el niño se las arreglara solo, pensando que era importante que los niños aprendieran a hacer cosas por sí mismos, incluso si al principio no lo hacían bien. De todas formas, con práctica, se volverían más diestros.
Sonny estaría cumpliendo tres años en unos meses; ya era hora de que aprendiera a comer por su cuenta.
Zachary le dio una palmadita