—Cuando me enteré de que me habías engañado, me enfurecí mucho... Pues, olvídalo, no hablemos de ello. Mírate, tienes los pelos de punta. Mi rabia aún no se ha calmado y aún no me he calmado, y todos los que me rodean suplicaron y hablaron en tu favor.
Incluso su amiga, alguien que estaba de su lado, habló por él.
—Seren, tienes derecho a estar enfadada. Es culpa mía, no debería habértelo ocultado durante tanto tiempo, ni siquiera tuve el valor de ser sincera contigo cara a cara cuando confesé l