—Ya he comido.
Serenity contestó instintivamente, pensó un momento y añadió: —Pero puedo acompañarte, cuando termines de comer, volveré.
Los ojos oscuros de Zachary brillaron: —Vamos a mi oficina.
Serenity miró de nuevo a la multitud de gente que entraba y salía y preguntó tímidamente: —No soy de esta empresa, ¿puedo entrar?
—Puedo llevarte dentro.
Le tendió la mano a Serenity, quien, con una ligera vacilación, se la entregó.
Cogiéndole la mano, una sonrisa apareció en la cara de Zachary, que Se