—Arturo, señor York, gerente York, por favor, dime qué tengo que hacer para que me devuelvas la cosa. No me digas que no te acuerdas dónde la pusiste, todo eso es una excusa y no te creo ni una palabra.
Arturo dijo, —Zorrita, de verdad que no me acuerdo dónde lo puse. No lo creas, pero de verdad no me acuerdo.
—Si quieres, ve a buscar a mi cuñada, en verdad es una buena persona, fácil de llevar y le gusta hacer amigos. Creo que lo que más le gusta son las chicas como tú. Por cierto, también sabe artes marciales, así que incluso puedes competir con ella cuando tengas tiempo.
—Pero ahora está embarazada, es mejor que compitas con ella después de que nazca mi sobrino.
—Aunque le pidas que venga a pedírmelo, es inútil si no he encontrado nada. No temo disgustarla, no es más que recibir una paliza de Zachary.
La sinvergüenzura de Arturo ponía furiosa a Zorrita, pero no podía hacer nada.
No había la cosa que Zorrita pedía en su casa.
Ella había buscado en su casa hace mucho tiempo.
Sospechab