Zorrita se sentó erguida, cogió el agua y tomó unos sorbos. Luego quiso salpicar a Arturo con el agua.
Arturo la miraba con una sonrisa.
Al final, Zorrita dejó la taza.
—Deja de adularme. Dime, cuándo me vas a devolver mi cosa.
Arturo se sentó frente a ella y dijo lo mismo que ya había dicho varias veces, —La verdad es que no recuerdo dónde puse esa cosa, y ahora mismo no puedo encontrarla. Si algún día lo encuentro, te prometo que te lo entregaré personalmente, sólo tienes que dejarme tu direcc