—Clive, ¿quién es?
Alice oyó a su marido al teléfono y se incorporó dispuesta a coger a su hijo que lloraba.
—Cariño, no, no lo hagas. No se tomará la leche de fórmula si lo coges en brazos.
Clive se apresuró a detener a su esposa.
—Es listo, en cuanto te huela, no se beberá la leche de fórmula.
Alice detuvo entonces su movimiento.
—El mayordomo me llamó y dijo que unos ancianos vinieron a buscar a mamá. Dijeron que uno de ellos es la persona que mamá está buscando.
Dijo Clive mientras preparaba