En ese momento, Adam, el hijo de Clive, lloraba a gritos y Clive daba vueltas por la habitación con su hijo en brazos para tranquilizarlo.
Alice, que estaba en la cama sin abrir los ojos, preguntó, —¿Tiene hambre o hace caca?
—Probablemente tenga hambre, cariño, duérmete, le prepararé leche de fórmula y después podrá dormir hasta pasadas las nueve.
Alice se dio la vuelta y volvió a dormirse.
Adam tenía una niñera, pero el único momento en que la niñera podía abrazarlo era cuando estaba dormido.