La abuela decía que no debía importarse la cara cuando cortejaba a una mujer.
De lo contrario, nunca saldría bien.
Zachary, tan orgulloso, bajaba la cabeza por Serenity, y así fue como acabó con una vida feliz que actualmente era la envidia del mundo.
Arturo pensó que eso valía la pena.
Por eso, ya no le importaba la cara.
De todos modos, ya había dejado claro a la abuela y a Doris lo que realmente pensaba. Ya no le pesaba psicológicamente perseguir abiertamente a la chica que realmente le gusta