Kevin dijo con una mala sonrisa: —Definitivamente no estás acostumbrada, siempre has sido seria, Luni, de verdad necesitas acostumbrarte por adelantado. Si te da vergüenza abrir la boca conmigo, puedes practicar sola dentro de tu habitación, nadie te oirá y tampoco se reirá de ti.
Al ver que seguía hablando, Luna cortó un trozo de filete, lo pinchó y se lo metió en la boca.
Riiin, riiin, riiin...
Sonó el celular de Kevin.
Lo sacó y era de Liberty.
Contestó a la llamada.
—Hola, Liberty, ¿qué pasa