—Está bien, no importa si no quieres tomar mi coche, a mí me da igual. He venido a recoger a Elisa y de paso a ti, y ya que no quieres, puedes buscarte el camino de vuelta.
Alejandro siempre hablaba con una sonrisa, pero para Remy, cada palabra que decía parecía llevar una espina que iba a clavar su corazón.
Alejandro le preguntó a Elisa: —Supongo que la maleta que sostiene Remy es tuya. De color rosa, debería ser tuya, por que a las muchachas les gusta ese color.
Diciendo esto, dio un paso adel