Duncan no sabía qué responder.
Este pequeño era bien terco.
—Sonny.
Liberty también los vio y se acercó a ellos.
Duncan recordó a Sonny otra vez y le pidió que no dijera nada. Parecía que Sonny no escuchó sus indicaciones, pues se deslizó de sus brazos y corrió hacia su madre.
—Mamá.
Liberty esperó a que su hijo llegara, tomó su manita y le preguntó con una sonrisa: —¿Sonny ya no quiere jugar?
—No quiero jugar más, quiero regresar a casa.
—Está bien, nos vamos a casa.
Liberty miró a Duncan que s