Liberty estuvo ocupada hasta después de las nueve. Iba desocupando poco a poco a medida que menos gente viniera a desayunar.
Yvonne entró en la cafetería cuando Liberty no estaba tan ocupada.
Al verla entrar, Liberty se quedó un instante paralizada y luego esbozó su característica sonrisa salulándole: —Buenos días, señorita Morrison.
—Hola, señorita Hunt, ¿te molestaré?
—Nada, que no estoy ocupada ahora. Ya voy a recoger y a terminar el trabajo. Señorita Morrison, ¿tienes algo que hablar conmigo