Las palabras de Xisela hicieron que los dos hombres enojados reprimieran por un momento la ira que sentían el uno por el otro.
Al entrar en la floristería, caminaron hombro a hombro, y casi chocaron.
Leandro miró fijamente a Callum y le advertió: —Señor Callum, Isa no ha aceptado su cortejo, por favor, déle el respeto y no la coja de la mano sin su consentimiento.
Callum respondió desafiante: —Tú te apellidas Mora, y ella, Nuñez. Sólo su tía tiene derecho a decirme esas cosas. Además, no estoy t