Zachary permaneció en silencio, su mirada clavada en Tomás con frialdad.
Tomás sentía como si estuviera sentado sobre alfileres y agujas, incómodo en extremo.
—Señor Núñez, vino aquí a disculparte, ¿verdad?—rompió Callum el breve silencio en la oficina. Era imposible esperar que Zachary dijera más palabras.
Tomás asintió apresuradamente.
—Serenity no es una persona tacaña y, por lo general, no le importa mucho, pero también es muy amigable.
Tomás soltó una risa y comentó:
—He oído que la señora