la mujer perdida
—¿Q… qué? —miré a Leandro con sorpresa.
—Así es, querida Sofi. Me contrataron para que tu vida sea miserable. Philip nunca fue quien asesinó a tus padres; fue un acuerdo que tenían los Ricci conmigo. El contrato solo estaría a nombre de Philip, pero el dinero y el jefe de todo esto eran los Ricci.
—Estás hablando estupideces —Leandro apuntó ahora a su cabeza.
—¡Leandro, basta! —lo miré para que se detuviera—. ¿Los Ricci te pagaron?
—Así es, para asesinar a tus padres, incluso a