Berta estaba congelada.
El rostro del hombre era inexpresivo mientras depositaba directamente la caja de mercancías que llevaba en la mano en el suelo de cemento frente al minimercado.
—Eh, tú ... —Berta respondió entonces—.¡Llévatelas tú!
La columna vertebral del hombre se puso rígida y se giró ligeramente hacia un lado para mirarla.
—Eres el chófer del Grupemente Jiménez, ¿verdad? —Berta la rodeó con los brazos—. En nuestra casa no vendemos vuestras dudosas bebidas, ¡os lleváis toda esta merca