Daniel se tranquilizó y se agachó, le decubrió el sombrero. ¡Resultó Susana!
—Tu cara ...
Susana estaba triste y trató de enrollarse el velo alrededor de la cara para ocultar las cicatrices.
Daniel se mordió el labio, adivinando algo en su mente.
—No podemos hablar aquí—la levantó—. Vamos, busquemos un lugar tranquilo para hablar.
Susana tembló como si no pudiera ver la luz, se envolvió en capas de sombrero y antifaz y siguió a Daniel con inquietud.
Los dos salieron a un salón.
Daniel despejó la