—Tío Manolo— dijo Lucía en voz suave—. ¡Todos leemos tus obras, a Polo le gustan mucho, todas las noches pasa unas páginas para dormirse!
Manolo se rascó la cabeza avergonzado y esbozó una sonrisa.
—¡No soy tan bueno como dicen, es que tengo suerte de publicar estas obras!
Lucía se rio.
El destino era la excusa de los fracasos; la suerte, la modestia de los éxitos.
Este hombre era un hombre modesto.
No era de extrañar que fuera capaz de conquistar Sonny, quien era la reina en el círculo comercia