Lucía estaba helada y no pudo evitar soltar una carcajada.
—Lo siento, cariño—Un poco avergonzada, giró la cara para mirarle—. Entraré y les explicaré que ha sido mi repentino antojo de comida de avión, no tú...
—No hace falta—Polo le cogió la mano—. Soy como mi tío, ¡no es nada!
—Yo... — No sabía qué le pasaba, sus gustos se habían vuelto cada vez más raros en los últimos días, y siempre se le antojaban cosas extrañas.
Llevo mucho tiempo pensando en bocadillos de avión, y creía que pudo aguanta