Sonia se congeló.
Cuando se encontró cara a cara con Lucía, su corazón tartamudeó sin motivo.
Los ojos no eran los suaves y acuosos que recordaba, eran afilados, y la sonrisa de Lucía era un poco más compleja.
Ese aspecto... ¡se parecía un poco al de Polo!
Sonia se calmó y fingió sonreír: —Je, ¿a quién voy a llamar si no a ti? ¿Cuántas cuñadas más tengo?
—¿He oído que te has convertido en jefa del departamento de administración? —Lucía sonrió tímidamente.
Sonia hizo una pausa y asintió.
—El depa