—¿Son todos ustedes muertos? —Joana le gritó a los trabajadores de mudanza que estaban alrededor, —¿Les pagué para que vinieran mirando? ¿No van a ayudarme?
Pero Jorge lanzó una mirada afilada, y los trabajadores se miraron entre sí, temerosos de acercarse.
Joana sintió que su corazón saltaba de su pecho.
Observó al hombre delante de ella, sintiendo su opresión cada vez más fuerte, haciendo que se estremeciera.
—Lucía... Lucía, —dijo tartamudeando, —¿no vas a detener a tu marido? Te lo advierto,