Cuando Polo entró por la puerta, se encontró con Ánsar saliendo.
Se quedó atónito.
Normalmente, siempre lo maldecía en su mente, sintiendo que era un estorbo, pero al ver su aspecto humilde y sus ojos enrojecidos, ni siquiera pudo forzar una sonrisa...
De repente, Polo sintió como si hubiera tragado una ciruela agria y su garganta se volvió ácida y amarga.
"Has venido..." la voz de Ánsar sonó ronca.
"Sí."
Ánsar no dijo nada más, simplemente lo miró y bajó las escaleras tambaleándose.
Polo siguió