Lucía se detuvo por un momento y dijo con indiferencia: "No es nada."
Ánsar se sintió extrañado y tuvo ganas de hacerle algunas preguntas, pero se contuvo y solo pudo observar disimuladamente el rostro de su hija.
Sin embargo, ella parecía realmente tranquila.
Ánsar se mordió los labios y sonrió suavemente, diciendo: "Oh, está bien, no es nada... Ya casi es mediodía, ¿por qué no los invito a comer? Así, Emilio y yo también podremos charlar un poco más, jeje..."
"¿Qué les gustaría comer?" pregunt