Estos últimos días, Lucía García había estado acompañando a Lynn Rodríguez.
Sin embargo, Lynn estaba debilitada y necesitaba reposo en cama. Pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo y, cuando estaba despierta, se sentaba junto a la cabecera de la cama, con la mirada fija en el exterior sin pronunciar una palabra. Su aspecto pálido causaba una profunda tristeza al verla.
Lucía le llevó un plato de sopa de pollo recién preparada.
—Lynn...—, al decir estas palabras, también se le quebró la voz. —