—¡Hablas de una manera tan desagradable!— dijo Adrián Alonso con el ceño fruncido. —¿Qué quieres decir con extraña? Serena ha sido nuestra hija durante más de veinte años. ¿Cómo puede ser una extraña ahora?
—¡Ella es una extraña!— exclamó la señora Alonso, Mariana Quintana, con emoción. —Valentina es nuestra hija, y fue esa mujer miserable quien hizo daño a Valentina.
—¡Mariana!— Adrián Alonso elevó el tono de voz. —No hay pruebas, no inventes las tontería. Serena no ha hecho daño a Valentina, e