Lucía lo hizo.
Ella sintió que él volteaba su manita, con la palma hacia arriba, como si algo hubiera caído en su mano.
Cuando abrió los ojos, de repente descubrió que había un collar extra en la palma en su mano.
Los preciosos zafiros de Cachemira tallados en forma de estrellas y lunas con cadenas de platino.
—Lucí, —dijo en voz baja y suave, —Me quité las estrellas y luna. Te las di.
—¿Y tú? ¿Quieres casar conmigo? Nunca nos separaríamos, ¿de acuerdo?
Lucía frunció los labios y las lágrimas de