Así que respiró hondo y asintió repetidamente: —Sr. Polo, no te preocupes. ¡Lo conseguiré!
—Bueno, Sr. Alonso, creo que eres eficiente. Así que... —Polo se sentó de nuevo en su silla, con la mirada encendida, y dijo palabra por palabra—, ¡Hazlo ya!
—¿Qué? ¡Ahora!
—Sí —dio una sonrisa—, Llama delante de mí y arregla que lo haga tu gente. Si no puedes hacerlo hoy, te pediré que haga una indulgencia y te quedes en mi club.
...
Emilio volvió a la Universidad de Ciudad Central para continuar sus est