Los ojos de Serena se oscurecieron por un momento al ver a Lucía.
Pero pronto volvió a mostrarse natural, sonriendo. Se acercó y le saludó amablemente, —¡Hola, Sr. Polo!
A Lucía se le apretó el corazón e inconscientemente miró a Polo.
La intuición de una mujer siempre era aguda.
—¡Oye, Sr. Polo! —Serena se puso de pie y se acomodó frente a los dos hombres, mirando a Lucía de arriba abajo—, Esta es la Srta. García, ¿no?
Lucía asintió con la cabeza cortésmente a modo de saludo.
Polo no tenía buena