La cara de Ana estaba pálida y se tembló fuertemente.
Sus ojos estaban ligeramente rojos y miró a Miguel ferozmente como si hubiera visto un fantasma.
Era cierto que la acogió en ese entonces, ¡pero también la destruyó! La dejaba pensar que Lucía era su hija biológica... ¡Casi estuvo a punto de abandonar a esta hija!
Los recuerdos de los años sepultaron la mente de Ana como una inundación.
Esos pasados dolorosos y oscuros eran cicatrices que nunca quiería volver a tocar en su vida...
—Ay, ¿todav