Lucía la miró con sospecha, cerrando la puerta como le dijo.
Ana se sentó en la silla con la expresión solemne y sombría. Sus ojos parecían desenfocados en cierto lugar fuera de la ventana.
—Mamá... —Lucía se puso en cuclillas frente a ella.
—Lucí —volvió a sus sentidos tras mucho tiempo, girando lentamente la cabeza para mirar la pequeña caja en la esquina—, Ve y tráemela.
Lucía estaba atónita. Su corazón latía repentinamente como tocar un tambor, y se sintió inquieta.
Así lo hizo. La pequeña