Bajo la gorra negra, se reveló una cara rufiana, y los ojos malvados eran un poco fríos y despectivos.
Polo se quedó atónito por un momento y saludó sin humildad.—Sr. López.
—¿Señor?—Teo se sorprendió un poco y se burló,—¿Escuché bien? ¿Me llamas Sr. López?
Polo sonrió levemente, sus ojos eran profundos y fríos.
Tenía un aura escalofriante en su cuerpo, y todos los que estaban cerca de él sentían una sensación invisible de opresión, y Teo no era una excepción.
Este sentimiento hizo que Teo se si