MAYO
Justo cuando decidí que quizá me equivocaba. Quizá le estaba dando demasiadas vueltas y no encontraba una razón, sonó su teléfono. Edmond le echó un vistazo y la sonrisa se le esfumó. Solo una app podía hacer semejante magia: Snuggle. La ignoró. Volvió a sonreír y, para superar el infierno que Snuggle le había dado, intentó charlar un rato.
"¿Qué tal va la lista de deseos?"
"Sin querer, taché una", respondí con sinceridad. "Parece que rechazar tu oferta fue una decisión valiente y Snuggle